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UN NUEVO COMIENZO
La ciudad estaba cubierta de humo y el sonido de las sirenas no cesaba. Ahmed miraba por la ventana destruida de su casa, mientras su madre empacaba las pocas pertenencias que podían llevar.
—Ahmed, ¿has cogido la manta y los documentos? —preguntó su madre con voz temblorosa.
—Sí, mamá. Todo está aquí —respondió él, intentando mantener la calma.
El padre de Ahmed entró apresuradamente con una mochila al hombro.
—Tenemos que salir antes del anochecer. El camino hacia el refugio es peligroso —dijo con seriedad.
Salieron por calles desiertas, esquivando escombros y escuchando explosiones a lo lejos. Cada paso les recordaba lo que dejaban atrás: amigos, escuela, recuerdos de su vida tranquila.
—¿Crees que alguna vez volveremos a casa? —preguntó Ahmed, con miedo en la voz.
—No lo sé, hijo —respondió su madre—. Pero lo importante es que estamos juntos y que encontraremos un lugar seguro.
Tras horas caminando, llegaron a un campamento temporal en la frontera. Allí conocieron a otras familias que habían dejado todo por la guerra. Los niños jugaban entre tiendas de campaña, intentando olvidar por un momento la tristeza que los rodeaba.
—Mira, Ahmed —dijo su padre señalando a un grupo de niños—. No estamos solos. Todos buscamos un nuevo comienzo.
Ahmed asintió, sintiendo un pequeño rayo de esperanza en medio del miedo y la incertidumbre.